¿Tienes exceso de pecho?
Generalmente, la mayoría de las intervenciones que se practican en el pecho de la mujer se llevan a cabo con el fin de aumentarlo y conseguir así alguna talla más. Pero aunque es menos frecuente, también dentro de las operaciones de mamoplastia existen otros casos que no pretenden conseguir un aumento de volumen, sino todo lo contrario: reducirlo pues existe un exceso del mismo.
Por medio de la mamoplastia de reducción también se consigue igualar el tamaño de los pechos, pues a veces existen asimetrías bastante notables entre ambos. A la vez que se reduce el tamaño del pecho se disminuye el tamaño de las areolas para que éstas no desentonen con el nuevo tamaño de la mama.
Tener demasiado pecho, a priori, puede parecer una ventaja pues constituye uno de los elementos estéticos que más reclamo produce. Pero puede llegar a convertirse en un inconveniente muy grande, cuando el tamaño y peso de las mamas es considerable. Dolores de espalda y cuello, irritaciones cutáneas, problemas de respiración, deformaciones en la columna vertebral o marcas en los hombros provocadas por la tensión de los tirantes del sujetador son causas más que suficientes como para intervenirse quirúrgicamente y reducir el volumen de los senos. En el peor de los casos, también afecta en el plano psicológico y puede provocar trastornos sobre la persona, provocando incapacidad para realizar ciertas actividades y creando inseguridad en la persona. Las mujeres con demasiado pecho no siempre aceptan su propia imagen corporal, lo cual les puede provocar rechazo sobre si mismas.
Al realizarse una reducción mamaria, la paciente experimenta una mejoría estética, pues alcanza la armonía de sus pechos con el resto del cuerpo, además se soluciona el problema de la flacidez provocado por el peso.
Después de la operación puede producirse una pérdida de sensibilidad en el pezón, síntoma que en la mayoría de los casos, es pasajero. Las recomendaciones a medio plazo que se suelen dar tras la intervención es que se espere entre seis meses y un año para quedarse embarazada, y evitar dar el pecho a bebés en periodo de lactancia después de la misma. Salvo estas dos recomendaciones, la vuelta a la vida normal se produce de forma prácticamente inmediata.
El riesgo de la operación es mínimo si los profesionales en cuyas manos se deposita la confianza de la operación tienen la experiencia necesaria para reaccionar ante cualquier imprevisto o complicación que se pueda producir durante la intervención.

