Las orejas de soplillo se corrigen con la otoplastia
La mayor parte de las personas que tienen las orejas de soplillo y se operan, al ver los resultados se hacen siempre la misma pregunta: ¿por qué no lo habré hecho antes?
Y es que el tener unas orejas algo “despegadas” que dan un aspecto antiestético puede hacer que la persona que sufre el problema padezca importantes secuelas psicológicas, sobre todo durante la niñez y la pubertad.
Las orejas de soplillo son una malformación genética muy común. Y aún así, es uno de los defectos físicos que más complejos puede llegar a crear en la persona por lo que su corrección está recomendada tanto en niños como adultos. En el caso de los adultos, afecta más estéticamente y es más visible en los hombres que en las mujeres, las cuales pueden camuflar el problema ocultando sus orejas tras la melena. En el caso de los niños es partir de los 7 u 8 años cuando la operación se puede realizar sin riegos ya que a esta edad las orejas han completado su desarrollo, además la operación es más sencilla porque a medida que pasan los años el cartílago se va endureciendo con lo cual se complica la intervención.
La otoplastia es una operación muy sencilla y de corta duración que corrige el problema de manera definitiva. El procedimiento se lleva a cabo a través de una incisión en la parte posterior de la oreja, que permite esculpir el cartílago para debilitarlo y poderlo doblar hacia atrás. A veces es necesario aplicar puntos internos o extirpar parte del cartílago para obtener una oreja de tamaño natural. Por último se corta la piel sobrante y se sutura la herida tras la oreja con lo cual la cicatriz queda disimulada por detrás de la de ella y apenas se nota.
El postoperatorio, por lo general, no es doloroso y es bastante llevadero aunque al principio las orejas experimentarán inflamaciones que desaparecerán paulatinamente. Se recomienda proteger las orejas con un vendaje acolchado, sobre todo a la hora de echarse a dormir. Es normal que los pacientes sometidos a una operación de este tipo se pueden incorporar a su vida cotidiana prácticamente a la semana siguiente a la intervención, pero siempre con las precauciones necesarias.

