La carboxiterapia: un buen método contra la celulitis
La carboxiterapia es una técnica que utiliza el gas carbónico o dióxido de carbono para que actúe como mensajero o intermediario entre las células, activando el flujo de oxígeno. Al tratarse de un procedimiento médico es necesario que esté bajo la atenta vigilancia de un profesional experimentado en todo momento y con un equipo preparado, que permita regular la velocidad del flujo, el tiempo de inyección y monitorizar el tanto por ciento de dosis administrada.
Además de ser una técnica muy reconocida desde sus inicios, hace casi 8 décadas, en el tratamiento de patologías médicas, es muy útil en otros campos: medicina estética, medicina deportiva, psoriasis, úlceras varicosas, lipodistrofia, obesidad y sobrepeso, celulitis…
El éxito de esta técnica radica en que su aplicación no es nada complicada; sus resultados son visibles prácticamente desde la primera sesión mejorando ostensiblemente la calidad del tejido, alisándose poco a poco la piel y volviéndose las zonas afectadas más delgadas. Además, no presenta ningún tipo de riesgo ni produce efectos indeseados de ninguna clase, pues el CO2 tiene una gran capacidad de difusión en los tejidos expulsándose con la respiración, no produce alergias y los hematomas son escasos. Se puede aplicar en cualquier época del año, incluso en verano, y después de cada sesión la persona puede retomar el ritmo normal de vida. Las únicas contraindicaciones que existen son el embarazo y la lactancia.
De entre todos los campos de aplicación de esta técnica, mencionados anteriormente, se está comprobando actualmente que la carboxiterapia es muy efectiva en el tratamiento de la celulitis, pues produce una vasodilatación y el aumento de la velocidad de la micro circulación, que según estudios recientes es donde la celulitis tiene su origen. De esta manera el tejido recibe más oxígeno, las toxinas son eliminadas y el edema se reduce.

