El peso ideal
En las sociedades modernas, el aspecto físico ha cobrado un gran protagonismo. No solamente para gustar a los demás, ya que el físico es nuestra mejor carta de presentación para relacionarnos en el ámbito social y laboral, sino también por salud, puesto que el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para enfermedades como la diabetes, la hipertensión, los trastornos cardiovasculares,…
Ya han pasado aquellos años en donde prevalecía la idea de que la gordura era hermosura. Sobre todo, cuando esta gordura es resultado de la ingesta desmesurada de alimentos.
Tampoco podemos ser radicales, y dejarnos llevar por la idea de que lo delgado es lo sano, necesariamente. Como hacen, por ejemplo, los dictados de la moda que explotan irracionalmente los cuerpos excesivamente esbeltos y lánguidos. Llegando a ser incluso enfermizos.
El “peso ideal” no existe. Cada persona debe establecer su propio peso ideal, que será aquél que permita un grado de salud física y de satisfacción personal óptimos. Y que está en función de la talla, constitución, edad y sexo.
Todo ser vivo necesita mantener un equilibrio entre lo que ingiere y lo que gasta, para poder mantener constante las proporciones de las sustancias, de las que está compuesto el cuerpo humano (60% de agua; 15% de proteínas; 15% de grasa; 1,5% de hidratos de carbono, 5% de minerales; 0,5% de otras sustancias).
La alimentación es la incorporación a nuestro organismo de todas aquellas sustancias, que combinadas, pueden aportar los nutrientes necesarios para la vida del organismo.
Como consecuencia de esto, conviene saber qué aporta cada alimento y cómo deben combinarse en la dieta para ofrecer al organismo todo aquello que necesita.
Un buen consejo para contrarrestar la obesidad y el sobrepeso es: comer de todo, pero con moderación.
Existen infinitas maneras de perder peso, pero no todas son buenas para la salud, llegando incluso algunas de ellas a producir un déficit nutricional más grave que la propia obesidad.
Las dietas que prometen perder peso con rapidez no suelen tener en cuenta la situación particular de la persona tratada. Son generalizadas y no deben seguirse durante un tiempo prolongado, puesto que la salud puede verse perjudicada.
No juguemos con nuestra salud. Pongámonos en manos de buenos profesionales, que realizarán un estudio personal detallado de cada individuo. Fijando las pautas necesarias que nos ayudarán en el camino para obtener nuestro fin, de una manera saludable.

