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Meterse en un quirófano voluntariamente para cambiar alguna parte de nuestra anatomía es una decisión que debe ser tomada muy seriamente y que siempre debe ir apoyada por la opinión de un experto que nos oriente. Actualmente es tan común el uso de la cirugía estética para cambiar alguna parte de nuestra anatomía que se ha perdido un poco de vista la seriedad que hay que tener ante este tema. Operarse por estética no es como ir a la peluquería o hacerse la manicura. Inyectarse alguna sustancia, retocarse una zona del cuerpo o directamente operarse son opciones muy válidas y eficaces para corregir imperfecciones que nos afectan profundamente, llegando a limitar nuestra vida cotidiana, siempre que los motivos que nos impulsen a ello sean reales y meditados, y que no se trate de una decisión tomada a la ligera que siga los dictados de alguna moda pasajera. El límite que separa una decisión acertada para operarse de una que no lo es, es muy fina, pues la subjetividad del individuo ante el problema dificulta a veces distinguir lo correcto. ¿Hasta qué punto podemos decir a una persona con una nariz prominente que debe o no tener tanto complejo como para operarse? La respuesta es sencilla, tan solo hay que seguir la máxima siguiente “La belleza reside en el equilibrio y la proporcionalidad”. Es necesario que no pierdas de vista el conjunto de tu cuerpo una vez decidas someterte a una operación de estética: si eres bajita y delgada, unas prótesis de pecho voluminosas no serán la opción más acertada. Aunque la ayuda y la opinión del profesional es esencial, antes de operarte ten claras tus expectativas e intenta que éstas sean lo más realistas posibles: los labios de Angelina Jolie son muy bonitos, pero cada persona es diferente y lo que a uno le puede quedar bien a otra le puede no resultar tan favorecedor. Si comprendes además las siguientes ideas básicas la decisión será mucho más madura:
- Una operación es una cosa muy seria, no es como cambiar de peinado.
· La única solución no está en la cirugía. Existen otras soluciones que dan los mismos resultados. El lifting, por ejemplo, da muy buenos resultados y es extremadamente eficaz cuando los tejidos están muy caídos. Si no es así, hay otros métodos como las infiltraciones de hialurónico o la radiofrecuencia que ayudan a mejorar el aspecto de la piel. En el caso de las liposucciones ocurre lo mismo, existen técnicas y tratamientos menos agresivos que dan a la larga mejores resultados (mesoterapia, vela smooth, cavitación…).
- El cirujano debe aconsejarte y no acceder a todo lo que tú quieras.
- Desconfía de aquella persona que te quiera operar a toda costa.
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Muy conocida es la aplicación de la micropigmentación en el campo de la estética, para corregir pequeños defectos e imperfecciones o resaltar algunas zonas del rostro, como los labios, las cejas y los ojos. Con ello ahorramos tiempo, obtenemos una mayor comodidad en nuestra vida diaria al olvidarnos completamente de maquillarnos y, sobre todo, conseguimos una imagen más bella. Sin embargo, este tratamiento que utiliza una serie de pigmentos a nivel epidérmico de una manera inocua, tiene otra aplicación un poco menos conocida: la paramédica. ¿En qué consiste la micropigmentación paramédica? Consiste en la utilización de esta técnica para la reconstrucción de las cicatrices, quemaduras, alopecias y areolas mamarias… Cuando se trata de disimular cicatrices, los resultados que nos proporciona la micropigmentación serán cada vez mejores cuanta mayor diferencia exista entre el color de la piel y de la cicatriz. Esta práctica está desaconsejada para tratar cicatrices queloides.
Para el caso de alopecias, su tratamiento es eficaz cuando se trata de tapar zonas del cuero cabelludo donde existe alopecia incipiente, pero no una calvicie más que evidente. Produce un efecto óptico de más densidad de pelo. Otro de los caso de micropigmentación paramédica es el tratamiento de quemaduras. Antes de llevarlo a cabo es recomendable consultar al dermatólogo sobre la situación de la zona que se va a tratar. Aunque en estas tres situaciones la opción de la micropigmentación ha dado buenos resultados, los más espectaculares se han obtenido en el tratamiento de las areolas mamarias, sobre las cuales se puede llevar a cabo dos tipos de actuación: las reconstrucciones se utilizan en el caso de pacientes que hayan sido sometidas a una mastectomia y posterior implante de silicona. Con el implante se consigue dar volumen a la zona, pero no se recupera la areola mamaria, así que la mejor solución para evitar el choque psicológico que plantea su pérdida es dibujar la zona. El otro tratamiento son las cicatrices periareolares que son consecuencia de una cirugía de aumento o reducción, en donde queda un círculo alrededor e incluso en algunos casos hay un corte de alguna parte de la areola. Con la micropigmentación se consigue disimular este círculo. Aunque estas son las aplicaciones más representativas, existen otros muchos casos en los que esta técnica mejora enormemente el aspecto de las zonas problemáticas. En cada caso, la consulta y recomendación del profesional es fundamental.
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La cirugía plástica, es una parte de la medicina, que parece haber surgido hace muy pocos años. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Se trata de una de las más antiguas prácticas de la cirugía. Las referencias más antiguas a ella se encuentran en el papiro de Ebers de 1500 a.c que nos describe cómo los egipcios practicaban el trasplante de tejidos en el 3500 a.c. También Susruta en el siglo VII a.c describe unas técnicas para la reconstrucción de la nariz, oreja y labios que se realizaban en la India en el 2500 a.c. Los orígenes de la cirugía estética no son mucho más recientes. En la actualidad, son conocidas algunas tribus que viven en la prehistoria y que realizan prácticas quirúrgicas primitivas con la única finalidad de alcanzar la belleza, por ejemplo, en África y Oceanía es frecuente la expansión del lóbulo de la oreja introduciendo discos u otro tipo de objetos. Aunque en la Edad Media se produjo un parón en la práctica de esta cirugía debido a que los religiosos consideraban las operaciones quirúrgicas como algo indigno y que solo realizaban los cirujanos inferiores, se mantuvieron los conocimientos gracias a la cultura árabe, y no fue hasta el siglo XVIII cuando se empezó a recuperar en Europa y América. Desarrollándose nuevas técnicas y avances espectaculares al llegar la Segunda Guerra Mundial. Es aquí también cuando empieza a hacer su aparición la cirugía estética. La cirugía estética nace como tal en manos de una cirujano alemán, Jacob Joseph, que realiza la primera intervención de otoplastia, en un niño, en el año 1896. Para más tarde realizar rinoplastias y más otoplastias en adultos, principalmente hombres. Se pueden considerar como especialidades dentro de la cirugía plástica las siguientes: cirugía estética, microcirugía, cirugía periorbitaria, cirugía de la mano, cirugía de los genitales, cirugía plástica pediátrica, cirugía de los fisurados y reconstructora de tumores. A diferencia del resto de las especialidades médicas, la cirugía estética no está dedicada al cuidado del enfermo, sino que los pacientes que se someten a ella son personas sanas que por propia voluntad buscan soluciones para embellecer alguna parte de su cuerpo.Es necesario resaltar que no siempre la magnitud del defecto es proporcional a la gravedad del problema que representa, es decir, un paciente puede acercarse a la consulta de un cirujano para operarse unas orejas levemente separadas y no mencionar para nada la prominente nariz que posee.El buen cirujano debe escuchar al paciente y resolver su problema, pero el paciente también debe escuchar al cirujano, pues estudiando la realidad de las quejas, midiendo el riesgo y haciendo uso del buen sentido estético que todo buen profesional debe poseer aconsejará operar lo que será beneficioso y no todo lo que le pida el paciente.
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Los adipocitos, esas células grasas tan poco queridas, se pueden acumular en cualquier parte de nuestro cuerpo de forma excesiva dando lugar a michelines y cartucheras. Pero existe solución para ello, independientemente del sitio donde se acumulen: la liposucción.
La liposucción se realiza introduciendo una cánula que está conectada a una máquina en la zona donde la grasa se acumula y succionarla por vacío. Para ello se realizan unas incisiones muy pequeñas (de 2 a 3 mm) que casi siempre se hacen, aprovechando algún pliegue natural del cuerpo para que queden ocultas y sin afectar a otras estructuras corporales, como los nervios y los vasos sanguíneos.
La liposucción es eficaz para eliminar la grasa del abdomen, tobillos, rodillas, muslos, brazos, glúteos, espalda, cuello e incluso la cara. La técnica para las diferentes zonas es básicamente la misma, lo que varía es el tamaño de las cánulas, siendo éstas más finas cuando las zonas tratadas son más sensibles, por ejemplo el rostro o el cuello, mientras que si la liposucción se realiza en muslos o abdomen serán más gruesas.
Todas las liposucciones se realizan con anestesia local más sedación, salvo la de los tobillos que solo requiere de local:
Abdomen: la liposucción en esta zona a veces se complementa con la abdominoplastia cuando el abdomen tiene tanta falta de elasticidad que al realizar la liposucción queda un sobrante tan antiestético de piel que hace que el resultado sea peor.
Tobillos y rodillas: se utilizan cánulas muy finas (de 2-3 mm) y, una bomba de aspiración para las rodillas o una jeringa para los tobillos. El único problema que hay en el caso de las liposucciones de estas zonas es que, aunque los resultados son muy buenos, tardan un poco en verse, ya que la pierna suele quedar muy hinchada.
Muslos: no se recomienda realizar la liposucción en todo el muslo ya que la inflamación puede ser muy extrema y se puede prolongar en exceso el postoperatorio. A veces va asociada con una liposucción en la cadera pues más que eliminar grasa, lo que interesa es modelar el contorno. Se suele hacer en la cara interna (en este caso se utilizan unas cánulas muy finas para evitar el descolgamiento de la piel) o en los muslos externos.
También se puede realizar la liposucción a la vez en los glúteos. Para los glúteos esta técnica es ideal para redefinir la forma sin añadir más volumen del necesario.
Brazos: las incisiones para meter las cánulas se realizan en el codo y otra en el pliegue posterior de la axila. Si hay flaccidez se puede unir a la intervención el lifting. Si no la hay, se puede recurrir a la liposucción superficial.
Espalda: la grasa es mucho más espesa y cuesta más extraerla en esta zona. Igual que ocurre con el abdomen, hay que precisar muy bien la cantidad de grasa que se extrae para evitar los relieves de la piel.
Cara y cuello: las cánulas se introducen por unos cortes que se localizan detrás de la oreja y bajo el mentón. Se realiza como complemento de un lifting, pero también puede hacerse de forma aislada si la piel está en buenas condiciones y no se retrae.
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El objeto de la cirugía estética no consiste únicamente en conseguir un equilibrio físico: un embellecimiento externo. Sino que, a través de ella, también conseguimos la remodelación de estructuras corporales afectadas por el proceso natural de envejecimiento del ser humano, lo cual evidentemente mejora la apariencia externa. De esta manera, en muchos casos, se activa la capacidad de autoestima y se mejora la calidad de vida de la persona que se somete a este tipo de operaciones.
La toma de esta decisión es de gran importancia, y siempre debería ir acompañada de la opinión de un médico especialista en cirugía estética, con una amplia experiencia profesional. El cual, valiéndose de su experiencia, deberá informar al paciente sobre las consecuencias, posibles riesgos y complicaciones que suponen este tipo de intervención. Por otro lado éste también deberá aconsejar al paciente sobre la técnica que más le puede convenir en cada caso, y no aceptar lo que el paciente (sin conocimientos adecuados) le pida.
Para poder tomar la gran decisión de someterse a una cirugía estética, el paciente debe sentirse bien desde el punto de vista emocional. Para descubrir si existe este equilibrio, el cirujano mantendrá una entrevista previa con el paciente para una toma de contacto entre ambos. En ésta se miden las consecuencias y el fin que se pretende conseguir. Generalmente las personas que se someten a una intervención de cirugía estética son personas sanas que simplemente desean mejorar su aspecto.
A la hora de elegir la clínica, se debe tener especial precaución y sobre todo desconfiar de ofertas espectaculares o precios demasiado bajos que probablemente escondan graves inconvenientes, como no poseer auténticos profesionales médicos, ni medios materiales adecuados, con el enorme riesgo que esto supone para la salud del paciente. No es aconsejable precipitarse en la elección y ponerse en manos del primer centro que nos ofrezca “el oro y el moro”, sin apenas nada a cambio. Indague sobre la profesionalidad de la clínica antes de tomar esta decisión.
Resumiendo: la elección de la clínica donde vayamos a ser intervenidos es de crucial importancia. Exija siempre que se cumplan estos requisitos mínimos de experiencia y profesionalidad. Si la clínica los cumple, es obvio pensar que también lo cumplirán los profesionales que trabajen en ella. De esta manera, la cirugía estética no tiene porque suponer ningún riesgo para la salud.
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Después de que todo salga bien tras el parto, la mayor preocupación que empieza a rondar la mente de una mujer, quizás sea la de recuperar el cuerpo que tenía antes del embarazo. El proceso de estabilización del cuerpo es un periodo lento. Los cambios tanto mentales como físicos que se producen durante el embarazo y la lactancia son tan fuertes que deben corregirse gradualmente y de forma natural. Pero no en todos los casos se consigue.
Los cambios hormonales en el período de gestación afectan a determinadas zonas del cuerpo, como las mamas o el útero. Tampoco hay que olvidar el considerable aumento de peso a nivel corporal que se experimenta durante esos nueve meses. Todo esto contribuye a que después del parto haya que reducir el peso ganado, que a veces se convierte en una verdadera odisea llena de complicaciones. Si los cambios físicos han sido muy exagerados, probablemente sea necesario recurrir a la cirugía para devolver al cuerpo a su estado original.
Los pechos suelen ser una de las zonas del cuerpo que mayor cambio experimentan tras esta etapa, pues muchas veces pierden su proyección y su forma, y aparecen caídos. Aunque es todo el cuerpo, en general, el que se ve afectado por estos cambios. Para abordar todos estos cambios, en los casos más extremos, no basta con ejercicios de tonificación muscular, sino que para recuperar el mismo estado físico que se tenía antes del embarazo será necesario someterse a alguna intervención quirúrgica que sin duda nos devolverá la figura perdida o incluso la mejorará.
Se pueden realizar mamoplastias de aumento para mejorar el volumen. Mastopexias, para subir los senos, si lo que nos ha ocurrido es que hemos perdido la forma de la mama. Si hemos acumulado grasa en exceso en el abdomen medio, cintura, cadera o muslos, nos podremos realizar una lipoescultura. Si bien el problema ha sido la aparición de estrías y se ha perdido la fuerza en los músculos de la pared abdominal podríamos someternos a una lipectomia abdominal. Menos comunes son los cambios de pigmentación en la piel, pero a veces se dan casos en la cara.
En cualquier caso, antes de ser intervenidos quirúrgicamente, deberemos esperar aproximadamente seis meses, pues es el tiempo que van a necesitar los tejidos para intentar volver a la normalidad. En el caso de los tratamientos de pecho esperaremos un poco más, hasta terminar el periodo de lactancia.
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