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El imparable auge que la depilación láser ha ido tomando a lo largo de su historia, muy reciente por cierto, ha hecho posible que hayan ido apareciendo diversos tipos de láser. Cada uno de ellos ha intentando paliar las deficiencias del anterior y así aumentar el espectro de pacientes que se puedan ver beneficiados con el mismo. Existen tres tipos de láser: - Láser Rubí: fue el primero que se usó en medicina. Igual que ocurre con el alejandrita, es apto para pieles claras y pelo oscuro. Se utiliza en forma de impulsos de gran potencia.- Láser Alejandrita: ha sido diseñado especialmente para depilación. Adecuado para pieles blancas y pelo oscuro, puede producir quemaduras si los parámetros programados no son los adecuados para el paciente. Si la persona está algo bronceada está contraindicado su uso. Su poder de penetración es superior al Rubí, lo cual es muy ventajoso, pues se pueden tratar folículos pilosos que se encuentran a mayor profundidad. Una de las diferencias más importantes que tiene con otros láser es que el sistema posee un sistema de refrigeración mediante un disparo de nieve carbónica, que evita que la piel de la zona tratada se caliente y no se produzcan quemaduras. Es muy rápido, lo cual es una ventaja más que para los pacientes, para los centros que lo poseen.- Láser Diodo: es el láser más actual, más efectivo y el más caro que existe actualmente en el mercado. Las sesiones con este láser se llevan a cabo de una manera muy rápida, pues con un solo disparo, se consigue destruir los folículos pilosos que se encuentren en un diámetro de 8-9 milímetros. Es apto para todo tipo de pieles, de ahí, que actualmente sea el más demandado y utilizado. Su poder de absorción por la melanina es mucho más bajo que el del láser alejandrita, por lo que tiene mayor poder de penetración. El más conocido de los láseres diodo es el Lightsheer, pionero en la utilización de la tecnología del láser diodo de alta energía. Apto para depilar cualquier zona del cuerpo y con un riesgo muy bajo de producir quemaduras.
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Aunque cada vez son más los sitios donde se lleva a cabo la depilación láser, entre ellos, peluquerías y salones de belleza, no debemos olvidar que se trata de un tratamiento médico-estético, y como tal, no debe tratarse a la ligera. Es un procedimiento compuesto de una serie de pasos muy detallados, que hay que seguir antes, durante y después de cada sesión.
La primera visita al centro elegido, es de mucha importancia para la obtención de unos resultados óptimos, pues los profesionales que van a realizar el tratamiento informarán de los pros y contras del mismo, así como de los resultados esperados. También valorarán si la persona que acude a depilarse es un buen candidato para el tratamiento. Para determinar todo esto es fundamental que el paciente ponga a disposición del centro su historial médico o informe de todo aquello que pueda resultar de interés para la buena marcha del mismo. En esta primera visita pueden tomarse una serie de fotografías de la zona que se quiere depilar, de tal manera que después tengamos un referente con el que comparar al final del tratamiento. Antes de cada sesión hay que seguir una serie de normas:- La piel debe estar lo más blanca posible, pues el bronceado, ya sea por la exposición al sol, los rayos UVA o por productos autobronceadores, puede aumentar el riesgo de sufrir algún tipo de quemaduras. Es aconsejable evitar tomar el sol al menos un mes antes de cada sesión.- El pelo no debe sobresalir más de uno o dos mm de la piel, por lo que tres días antes es adecuado afeitarlo con cuchilla. Si estuviera más largo la energía del láser podría ser absorbida por el mismo y quemar las zonas de alrededor. Durante la sesión, el técnico encargado del láser facilitará al paciente unas gafas para evitar que la luz del láser pueda dañar los ojos. La sensación que el láser provoca en la piel es la de pequeñas picaduras o pinchazos acompañados de un ligero olor a quemado. Se siente molestia, pero no dolor durante la sesión, sin embargo, algunas veces el técnico puede aplicar una crema anestésica para disminuir el dolor o el miedo a sentirlo.En función de la zona que se quiera depilar, la duración de las sesiones variará. Cuanto mayor sea, más tiempo se empleará.
Tras las sesiones, la piel puede presentar algún leve enrojecimiento o inflamación, aunque pasan al poco tiempo. La incorporación a la vida cotidiana se puede llevar a cabo inmediatamente, pero evitando exponerse al sol sin protección y no realizando ejercicio durante el día siguiente, para evitar sudar. A estos pequeños cuidados hay que añadir el de limpiar la zona con agua y jabón. El pelo no desaparece inmediatamente después de cada sesión, sino que éste va perdiéndose a partir de las dos semanas. Los resultados finales del tratamiento son visibles a partir de la 5ª sesión.
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La gran variedad de personas que se someten a los tratamientos de depilación láser es lo que explica la diversidad de opiniones tan diferentes que existen en cuanto a si depilarse con láser es o no doloroso. Dos personas que se hayan depilado con el mismo tipo de láser, en el mismo centro, por la misma persona y la misma zona pueden no ponerse de acuerdo en cuanto a las molestias que han experimentado durante cada sesión del tratamiento. Está claro que el umbral del dolor es diferente en cada persona, y por eso, a unas les puede doler o incomodar más que a otras.
Además de la sensibilidad de cada persona, existe un factor externo, que puede aumentar la sensación de dolor, y es el tamaño que tiene el cabezal a través del cual pasa la energía del láser en cada disparo (spot). Cuanto mayor sea éste, mayor dolor produce. Aunque generalmente el dolor no es más que el que se tiene cuando ”te hacen la cera”, existen ciertas cremas anestésicas, que adormecen la zona a tratar y disminuyen el dolor. Este tipo de cremas son medicamentos, con lo cual deben ser prescritos por un médico cualificado del centro en el que nos estamos depilando.Estas pomadas o cremas anestésicas deben dejarse sobre la zona durante un tiempo determinado o bien con un envoltorio de plástico para que sean eficaces, y solo deben ser utilizadas para zonas pequeñas y en poca cantidad, y no para grandes extensiones, pues los efectos secundarios que puede provocar pueden acarrear incluso la muerte.
Además de este dolor, paliado con cremas anestésicas, durante las sesiones es normal sentir picor, y enrojecimiento o pequeñas inflamaciones después de las mismas, que irán desapareciendo a los pocos días. En ocasiones y de manera muy poco frecuente se pueden formar costras, producir quemaduras, variaciones en el color de la piel o leves infecciones, que no revisten demasiada gravedad a no ser que duren muchos días. En estos casos hay que hablar con el profesional que te ha depilado pues posiblemente los parámetros del láser utilizados no han sido los adecuados para el tipo de piel y vello, con lo cual deberá corregirlos en las sesiones posteriores.
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