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La alopecia es el nombre técnico que se le da a la caída del cabello. Aunque los problemas de caída de cabello se suelen agrupar en un mismo saco, las causas pueden ser distintas.
Podemos hablar a grandes rasgos de tres tipos: la alopecia androgenética, que como su nombre indica tiene un origen genético y afecta a más de la mitad de los varones de más de 50 años de edad; la alopecia areata, que afecta a ambos sexos por igual sin importar la edad, y que, aunque no se conocen con seguridad sus causas parece tratarse de algún tipo de problema autoinmunitario, reconociéndose fácilmente, pues el cabello no se cae de forma uniforme sino en placas repartidas por el cuero cabelludo; y por último la alopecia difusa, que puede venir desencadenada por fiebres especialmente altas, estrés,…
En torno a la caída del pelo, existen toda una serie de creencias. Es muy común, a nivel popular, creer que la pérdida de cabello coincide con ciertas estaciones del año, sin embargo esto no es cierto, ya que el pelo sigue su propio ciclo, que no tiene porqué coincidir con ellas. Tampoco es necesariamente verdadero que el pelo rizado es más resistente que el liso, aunque sí lo es que el pelo rubio suele ser más frágil que los tonos oscuros.
Es importante recordar, que va a ser normal que siempre se produzca una cierta caída de pelo, ya que está en constante renovación, por tanto solo deberemos preocuparnos si vemos que el ritmo de pérdida de pelo se incrementa. En ese caso, deberemos tomar las medidas adecuadas sin esperar a llegar a la calvicie.
Existen numerosos tratamientos capilares que ayudan a frenar la caída del pelo, incluso quirúrgicos, mediante el empleo de microinjertos de pelo que consiste en trasladar folículos de pelo desde las zonas resistentes a la caída (la nuca básicamente) a las zonas donde existe pérdida de pelo.
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El ritmo actual de la vida cotidiana es a veces tan frenético e imparable que no nos permite tener tiempo para cuidarnos.
Con este cuidado nos estamos refiriendo a algo tan sencillo como es dedicar tiempo para alimentarnos de una forma equilibrada y sana, ya que en la mayoría de los casos comemos rápido y fuera de casa.
Esto, añadido también a la falta de ejercicio físico realizado de forma regular, que reporta tantos beneficios físicos y psicológicos; se traduce en un incremento de peso además de problemas de piel (exceso de grasa,…), por el abuso de la conocida “comida rápida”.
Para cambiar esto lo principal es poner un poco de voluntad de nuestra parte. A partir de aquí todo es más sencillo.
En el campo de la estética existe un amplío abanico de técnicas para disminuir de peso, en función de las necesidades y circunstancias de cada individuo.
Sin embargo, lo más común cuando se trata de bajar peso, es combinar dietas y ejercicio, aunque a veces simplemente no somos capaces de cumplir con alguno de ellos.
¿Qué hacer entonces? Podemos recurrir a métodos innovadores como la termosudación que es un tratamiento excelente para todas aquellas personas que deseen mejorar de manera homogénea y completa la estética de su figura, gracias al cual conseguimos una considerable reducción de líquidos y una importante mejora de la celulitis localizada. Este tratamiento cómodo, sencillo, indoloro y totalmente inocuo, puede realizarse de forma independiente, aunque está especialmente indicado en aquellas que quieran iniciar o estén siguiendo un régimen de adelgazamiento y pretendan reforzar y acelerar los efectos positivos de la dieta. Puesto que, a través del régimen, se consigue eliminar grasa y gracias a la termosudación se logra una pérdida de toxinas y líquidos retenidos. La acción de los dos tratamientos combinados hará que la pérdida de peso y volumen sea mucho más efectivo.
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La mala circulación de la sangre influye en nuestra vida. Puede que haga que surjan varices, que haya más probabilidades de tener celulitis así como pesadez e inchazón en las piernas. Todos ellos trastornos muy molestos. Por eso hay que atajar el problema y cambiar de hábitos que contribuyan a que la circulación de nuestro cuerpo mejore.
Eliminar de nuestra vida diaria los baños muy calientes, que provocan que la mala circulación se acreciente y darnos al final de cada ducha, varias pasadas con agua fría que acelerarán la circulación. También influye la alimentación, ya que una correcta alimentación puede ayudar a que la sangre fluya.
Debemos incluir en nuestra dieta alimentos ricos en fibra, desde cereales hasta arroces integrales, nutrientes que favorecen el tránsito intestinal y ayudan a reducir la presión abdominal. También vegetales, tanto crudos como cocinados, ya que son muy ricos en antioxidantes. La sangre circulará mejor si tomamos alimentos ricos en potasio, como frutos secos y algunas frutas. No abusar de la carne, ya que la grasa no favorece la circulación de la sangre.
Pequeños consejos
Además de esas modificaciones en nuestra alimentación hay ciertos consejos para mejorar la circulación de la sangre. Cosas como dormir con las piernas un poco levantadas o dormir sobre el lado izquierdo del cuerpo ayudan. También darnos masajes de vez en cuando en las piernas, desde los pies hacia el tobillo y subir hacia la rodilla. Esto ayuda a activar la circulación.
Varices y celulitis
Como hemos dicho, la mala circulación de la sangre puede hacer que nos salgan varices. Si ese ya es nuestro problema podemos eliminar las varices mediante una sencilla operación con láser. También si queremos terminar con la celulitis, un problema común en muchas mujeres y que en una variedad de ocasiones está relacionada con la mala circulación, debemos adoptar estos hábitos que mejorarán la fluidez de nuestra sangre.
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A muchas mujeres les ocurre que engordan más por unas partes que por otras y que sufren un problema de grasa localizada. Algo que puede pasarles también a las que suelen estar delgadas. En el cuerpo femenino la grasa se almacena fundamentalmente en el vientre, la parte exterior de los muslos y el trasero. Algo que puede resultar antiestético. Además este problema se acrecienta con la edad y también con la menopausia, cuando el metabolismo de las mujeres puede cambiar.
Por eso es fundamental cuidar el cuerpo, ya que si se lleva una vida sana y se hace ejercicio el problema de la grasa localizada puede ser menor. Sin embargo puede seguir ocurriendo. ¿Qué hacer si hemos detectado que nuestro cuerpo tiene tendencia a almacenar grasa en lugares localizados? ¿qué hacer cuando la grasa ya está ahí?.
Como en todo lo que tiene que ver con el organismo influye tanto la alimentación que llevemos como el ritmo de vida. Un estilo de vivir sedentario contribuye a que la grasa no se disuelva como es debido y se quede localizada en tripa, trasero o piernas (donde puede formar las llamadas cartucheras). Por eso hay que hacer ejercicio y llevar una vida sana. Se puede intentar eliminar la grasa localizada en el trasero con un ejercicio tan sencillo como subir y bajar escalones.
También hay que cuidar la dieta. Si se quiere perder peso lo mejor es realizar un régimen completo bajo la supervisión de profesionales, y si sólo se quiere eliminar la grasa localizada y no hay un problema de sobre peso lo mejor es una dieta específica para combatir la grasa localizada, que el profesional combinará con ejercicios y con otros sistemas como masajes, mesoterapia o incluso la liposucción o lipoescultura, una técnica mediante la que se extrae la grasa acumulada de cualquier parte del cuerpo por medio de unas finas cánulas. Una técnica que se suele utilizar sobre todo en muslos, caderas, rodillas y abdomen.
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El ritmo al que vive la sociedad actual provoca en algunas personas una situación de nerviosismo y ansiedad. También el tan actual estrés. Hace que vivamos peor y que a lo largo del día estemos más cansados y rindamos menos en todo lo que hacemos. La ansiedad y el estrés pueden provocar además comportamientos alimentarios desordenados. Comer demasiado y mediante atracones o no comer nada y tener el estómago “cerrado”. Dos situaciones que hay que combatir ya que pueden acabar pasando factura.
Una alimentación equilibrada puede contribuir a aligerar de nerviosismo nuestro día a día. Sacar de nuestra dieta alimentos como el café, el té o los refrescos de cola puede parecer un paso pequeño pero ayudará a que estemos menos nerviosos ya que son bebidas excitantes. Éstas pueden ser sustituidas por infusiones o zumos que además aportarán vitaminas a nuestra dieta. Las infusiones pueden llegar a ser auténticas aliadas ya que existen, además de la tradicional tila, numerosas infusiones que tienen un efecto muy relajante.
Alimentos como la lechuga, que tiene una sustancia que puede ser relajante e ingerir alimentos frescos ayudan también a luchar contra el estrés. Sin embargo no hay que abusar de la lechuga sobre todo las personas que tienen tendencia a la retención de líquidos, ya que es una verdura que puede provocar este problema.
El deporte ayuda
Un buen masaje drenante y una dieta elaborada por un especialista puede, además de ayudarnos a perder peso, colaborar a que estemos menos estresados. No olvidar tampoco que el deporte es fundamental. Actividades tranquilas como el yoga, el tai-chi o pilates o ejercicios aeróbicos si lo que queremos es desquitarnos. También puede llegar a ser muy positiva la gimnasia pasiva porque ejercita el organismo y no contribuye a que crezca el nivel de estrés.
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Algunas mujeres se sienten marcadas por un problema que consideran muy grave. Al menos estéticamente hablando. El exceso de vello facial. Pelusilla oscura sobre el labio, en las patillas bajando hacia el cuello y en a veces incluso en las mejillas. Un exceso de vello facial puede ser signo de muchas cosas, a veces más grave que el propio hecho de tener pelillos donde no deben estar. Pero normalmente lo que implica es un problema hormonal o una característica genética o hereditaria que hace que la persona sea más o menos velluda, al igual que sucede con las características de la piel.
Lo primero que debe hacer una persona que padezca un problema de exceso de vello es consultar a un especialista las posibles causas de ello. Después lo mejor es buscar una solución. Antiguamente el vello facial se decoloraba volviéndolo más claro pero sin hacerlo desaparecer del todo. Más tarde se empezó a aplicar cera, como en la zona del bigote, para tratar de terminar con él. El problema es que la piel de la cara suele ser irritable y bastante sensible y éste es un método que no a todas las mujeres les resulta conveniente. Puede provocar rojeces y venitas.
Un buen método para acabar con el vello facial es la depilación láser. Un sistema que, progresivamente, termina con el vello prácticamente y que tiene una duración muy amplia, por lo que la persona afectada por este problema se puede olvidar de él y dejar de someter a la piel al castigo continuo de la cera y los tirones sobre la piel.
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