La mala circulación de la sangre influye en nuestra vida. Puede que haga que surjan varices, que haya más probabilidades de tener celulitis así como pesadez e inchazón en las piernas. Todos ellos trastornos muy molestos. Por eso hay que atajar el problema y cambiar de hábitos que contribuyan a que la circulación de nuestro cuerpo mejore.
Eliminar de nuestra vida diaria los baños muy calientes, que provocan que la mala circulación se acreciente y darnos al final de cada ducha, varias pasadas con agua fría que acelerarán la circulación. También influye la alimentación, ya que una correcta alimentación puede ayudar a que la sangre fluya.
Debemos incluir en nuestra dieta alimentos ricos en fibra, desde cereales hasta arroces integrales, nutrientes que favorecen el tránsito intestinal y ayudan a reducir la presión abdominal. También vegetales, tanto crudos como cocinados, ya que son muy ricos en antioxidantes. La sangre circulará mejor si tomamos alimentos ricos en potasio, como frutos secos y algunas frutas. No abusar de la carne, ya que la grasa no favorece la circulación de la sangre.
Pequeños consejos
Además de esas modificaciones en nuestra alimentación hay ciertos consejos para mejorar la circulación de la sangre. Cosas como dormir con las piernas un poco levantadas o dormir sobre el lado izquierdo del cuerpo ayudan. También darnos masajes de vez en cuando en las piernas, desde los pies hacia el tobillo y subir hacia la rodilla. Esto ayuda a activar la circulación.
Varices y celulitis
Como hemos dicho, la mala circulación de la sangre puede hacer que nos salgan varices. Si ese ya es nuestro problema podemos eliminar las varices mediante una sencilla operación con láser. También si queremos terminar con la celulitis, un problema común en muchas mujeres y que en una variedad de ocasiones está relacionada con la mala circulación, debemos adoptar estos hábitos que mejorarán la fluidez de nuestra sangre.
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A muchas mujeres les ocurre que engordan más por unas partes que por otras y que sufren un problema de grasa localizada. Algo que puede pasarles también a las que suelen estar delgadas. En el cuerpo femenino la grasa se almacena fundamentalmente en el vientre, la parte exterior de los muslos y el trasero. Algo que puede resultar antiestético. Además este problema se acrecienta con la edad y también con la menopausia, cuando el metabolismo de las mujeres puede cambiar.
Por eso es fundamental cuidar el cuerpo, ya que si se lleva una vida sana y se hace ejercicio el problema de la grasa localizada puede ser menor. Sin embargo puede seguir ocurriendo. ¿Qué hacer si hemos detectado que nuestro cuerpo tiene tendencia a almacenar grasa en lugares localizados? ¿qué hacer cuando la grasa ya está ahí?.
Como en todo lo que tiene que ver con el organismo influye tanto la alimentación que llevemos como el ritmo de vida. Un estilo de vivir sedentario contribuye a que la grasa no se disuelva como es debido y se quede localizada en tripa, trasero o piernas (donde puede formar las llamadas cartucheras). Por eso hay que hacer ejercicio y llevar una vida sana. Se puede intentar eliminar la grasa localizada en el trasero con un ejercicio tan sencillo como subir y bajar escalones.
También hay que cuidar la dieta. Si se quiere perder peso lo mejor es realizar un régimen completo bajo la supervisión de profesionales, y si sólo se quiere eliminar la grasa localizada y no hay un problema de sobre peso lo mejor es una dieta específica para combatir la grasa localizada, que el profesional combinará con ejercicios y con otros sistemas como masajes, mesoterapia o incluso la liposucción o lipoescultura, una técnica mediante la que se extrae la grasa acumulada de cualquier parte del cuerpo por medio de unas finas cánulas. Una técnica que se suele utilizar sobre todo en muslos, caderas, rodillas y abdomen.
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El ritmo al que vive la sociedad actual provoca en algunas personas una situación de nerviosismo y ansiedad. También el tan actual estrés. Hace que vivamos peor y que a lo largo del día estemos más cansados y rindamos menos en todo lo que hacemos. La ansiedad y el estrés pueden provocar además comportamientos alimentarios desordenados. Comer demasiado y mediante atracones o no comer nada y tener el estómago “cerrado”. Dos situaciones que hay que combatir ya que pueden acabar pasando factura.
Una alimentación equilibrada puede contribuir a aligerar de nerviosismo nuestro día a día. Sacar de nuestra dieta alimentos como el café, el té o los refrescos de cola puede parecer un paso pequeño pero ayudará a que estemos menos nerviosos ya que son bebidas excitantes. Éstas pueden ser sustituidas por infusiones o zumos que además aportarán vitaminas a nuestra dieta. Las infusiones pueden llegar a ser auténticas aliadas ya que existen, además de la tradicional tila, numerosas infusiones que tienen un efecto muy relajante.
Alimentos como la lechuga, que tiene una sustancia que puede ser relajante e ingerir alimentos frescos ayudan también a luchar contra el estrés. Sin embargo no hay que abusar de la lechuga sobre todo las personas que tienen tendencia a la retención de líquidos, ya que es una verdura que puede provocar este problema.
El deporte ayuda
Un buen masaje drenante y una dieta elaborada por un especialista puede, además de ayudarnos a perder peso, colaborar a que estemos menos estresados. No olvidar tampoco que el deporte es fundamental. Actividades tranquilas como el yoga, el tai-chi o pilates o ejercicios aeróbicos si lo que queremos es desquitarnos. También puede llegar a ser muy positiva la gimnasia pasiva porque ejercita el organismo y no contribuye a que crezca el nivel de estrés.
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